Abres tu Biblia, llegas a Hebreos y arriba dice claramente el nombre de Pablo. Pero si lees la carta completa, de principio a fin, ese nombre no aparece por ningún lado. Ni una firma, ni un saludo inicial con su nombre. Y eso tiene una explicación que muy poca gente conoce.
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La carta a los hebreos tiene 13 capítulos y 303 versículos. En ninguno de ellos el autor dice quién es. Todas las demás cartas de Pablo arrancan igual: Pablo, apóstol, y ahí queda claro quién habla. Hebreos no. Entra directo al tema, sin presentarse.
Lo que sí hay son pistas sueltas: menciona a Timoteo, manda saludos de parte de los de Italia y escribe como alguien muy cercano a la comunidad. Por eso, desde muy temprano, la tradición se la atribuyó a Pablo. La mayoría de los manuscritos griegos antiguos la colocan junto a las cartas del apóstol, y de ahí pasó a los títulos que aún usan muchas Biblias en español.
Hay dos cosas que no encajan. La primera es el idioma: el griego de Hebreos es más pulido y más literario que el del resto de las cartas paulinas, con un estilo que los estudiosos vienen señalando desde hace siglos.
La segunda es más contundente. En el capítulo 2, el autor cuenta que el mensaje le llegó a través de quienes escucharon al Señor, es decir, de segunda mano. Pablo, en cambio, insistía en que su evangelio no se lo enseñó ningún hombre, sino que se lo reveló Dios directamente. Es difícil que la misma persona diga las dos cosas.
Como el texto no lo dice, cada época propuso su candidato. Tertuliano sostuvo que fue Bernabé. Martín Lutero apostó por Apolos, aquel judío de Alejandría descrito como elocuente y buen conocedor de las Escrituras. Otros nombraron a Lucas o a Clemente de Roma. Y un teólogo alemán fue más lejos: propuso que la escribió Priscila, y que su nombre se borró justamente por ser mujer.
La frase que mejor resume todo la dejó escrita Orígenes, maestro cristiano del siglo III: en cuanto a quién escribió la carta, solo Dios sabe la verdad. Casi mil ochocientos años después, seguimos exactamente en el mismo punto.
No hay forma de afirmarlo ni de negarlo con certeza. Hay estudiosos que siguen defendiendo la autoría de Pablo y otros que la descartan por el estilo y por el capítulo 2. Lo único seguro es que el texto no lo dice.
Porque ese título viene de la tradición, no del texto original. Los manuscritos griegos antiguos agrupaban la carta con las de Pablo, y ese orden se conservó en las traducciones.
Trece capítulos y 303 versículos en total. Es una carta de extensión media dentro del Nuevo Testamento.