Espérate antes de echarle la culpa al cafecito, chamo. El villano es otro, y seguramente lo tienes en la nevera ahorita mismo.
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Todos conocemos a alguien que se echa dos o tres cafés al día y vive diciendo que “eso le hace daño al corazón”. Pues la ciencia acaba de poner las cosas en su sitio, y la respuesta va a sorprender a más de uno en tu familia.
Para la mayoría de los adultos sanos, tomar café no aumenta el riesgo cardiovascular. Es más: hasta unas cinco tacitas al día, siempre sin azúcar de más ni jarabes raros, entran dentro de lo que se considera seguro. Ese cafecito de la mañana que te levanta el ánimo no es tu enemigo, pana.
El problema aparece con las dosis fuertes de cafeína concentrada. Ahí es donde entran las bebidas energéticas y esos “shots” de energía que venden como si fueran agua bendita. En cantidades altas, esa cafeína le mete una presión extra al corazón y puede traer problemas que nadie quiere.
La diferencia es sencilla: no es lo mismo el café de toda la vida que un energético cargado hasta el tope. Uno acompaña tu día; el otro te acelera el motor sin que te des cuenta.
Nada del otro mundo: disfruta tu café con calma y déjales los energéticos a quien no sepa cuidarse. Tu corazón trabaja por ti 24 horas al día; devuélvele el favor con decisiones sencillas como esta.
Para un adulto sano, hasta unas cinco tazas de café negro al día se consideran seguras. Lo que suma riesgo no es el café en sí, sino el azúcar, los jarabes y la crema que le echas encima.
Concentran mucha más cafeína en poco líquido y se toman rápido, muchas veces varias seguidas. Esa combinación es la que preocupa a los especialistas del corazón.
Sí. El té, el chocolate, los refrescos oscuros y hasta algunos medicamentos aportan cafeína. Todo suma en el total del día.